“Perdone la emoción, pero hablo de personas”

robb“¿Qué es síndrome de Down?”, le pregunta un niño a su padre mientras manosea el vídeo “Donde crece la esperanza”, una película protagonizada por un hombre con síndrome de Down. “Una enfermedad que hace que las personas no sepan nada”, es la respuesta que obtiene.
Así recuerda Robb Scott el momento que vivó en un videoclub de su ciudad. Él, que tiene un hijo de cinco años con síndrome de Down, cree que aquella respuesta no fue producto de la maldad sino de la ignorancia. No culpa a aquel padre por esa repuesta porque “antes de que naciera mi hijo, yo no habría sabido qué decir”.
“Pero hoy no he dicho nada. He dejado crecer la ignorancia. Y, ¡le he fallado a mi hijo!”. Era tal la frustración y el sentimiento de culpa por no haber dicho lo que el piensa de su hijo y de las personas con síndrome de Down que este padre canadiense grabó, nada más salir de la tienda, un video. Con los sentimientos a flor de piel, explica lo que él hubiera deseado que el hombre hubiera dicho. O lo que él hubiera tenido que decir…
Scott confiesa que, sin caer en sentimentalismos, “el síndrome de Down es, literalmente, una de las cosas más bonitas que me han pasado en la vida”. Porque es muchas cosas a la vez: es divertido, brillante, increíble, amable, gracioso, amante, tierno, es increíble y, por todo ello, considera que las personas con síndrome de Down son grandes maestros.
“¡No es una enfermedad!” exclama con rotundidad. De hecho, tampoco lo considera una discapacidad. “Que seas más lento o no corras tan rápido no significa que tengas una discapacidad”, le dice a su hijo Turner.
“Creo que todas las personas somos maestros y alumnos a la vez. Tenemos la capacidad de enseñar cosas y estamos aquí para aprender cosas. Y un hombre bien educado no lo hace tener más para enseñar que mi hijo. Él tiene diferentes cosas que enseñar, pero él no tiene más que enseñar. Su conocimiento no es más valioso.” No tiene la menor dudad de que su hijo Turner ha sido para él un gran maestro que le ha enseñado muchas cosas.
También se rebela ante la afirmación de que sean niños tan especiales porque se les coloca a diferente altura. Comparándolo con su otro hijo, dice que “el amor es el mismo, los besos por la noche son los mismos y los problemas son los mismos.” Por ejemplo, Turner, al igual que su hermano, no recoge su ropa o sus juguetes.
Por eso Robb dice que ha llegado el momento en el que “no hay que mirar la discapacidad. Vamos a ver a la persona”
El vídeo, que Scott colgó en internet, ha causado un fuerte impacto y se acerca a los dos millones de visualizaciones y miles de comentarios, muchos de ellos de padres de personas con síndrome de Down.
PD: Por cierto Robb, ¡no hay nada que personar!
Aquí tenéis el vídeo. En inglés. Pero las emociones no entienden de idiomas…

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