El activismo por los derechos: las capacidades de las personas con discapacidad

DianaKathyUna mujer con parálisis cerebral vive, desde hace casi cuarenta años, con su cuidadora, que tiene síndrome de Down. Podría ser el comienzo de la sinopsis de una película. Con tintes aparentemente tristes.
La película existe. Se titula “Body & Soul: Diana & Kathy”. Es la adaptación de la vida real de Kathy Conour, con parálisis cerebral, y Diana Braun, su cuidadora y, sobre todo, amiga y compañera durante casi cuarenta años en su incansable lucha en favor de sus derechos y el de las personas con discapacidad.
Y no precisamente triste. Ni lastimera. Ni pesimista. El documental refleja un ánimo optimista, enérgico y con humor. Como muestra, el cartel que Kathy lucía en su silla: “Dame una palmadita en la cabeza y te muerdo la mano!”
La película es un repaso a sus vidas de Diana y Kathy que, hace cuarenta años, rompieron las reglas, escaparon del sistema y se convirtieron en modelos de vida independiente y activistas de los derechos de las personas con discapacidad.

“Body & Soul: Diana & Kathy”bodyandsoul

La película “Body & Soul: Diana & Kathy” surgió cuando Diana y Kathy le propusieron a Alice Elliott grabar un documental sobre sus vidas. Alice se mostró reacia pues su última película, El Coleccionista de Bedford Street, que había sido nominada al Mejor Corto Documental de la academia, le había supuesto un duro trabajo de cinco años.
Pero cuando las visitó en su casa, y ante la persistencia de Kathy, terminó convenciéndose de que era un tema único. A lo largo del rodaje Diana y Kathy permitieron a Alice acceder a su vida y grabar el documental.
La película narra un viaje desde su casa, en Springfield a Washington, DC. Un viaje físicamente peligroso y supuestamente ilegal ya que debieran estar confinadas en casa. Pero los beneficios superan los riesgos: luchan por las personas con discapacidad, la minoría más grande en los Estados Unidos, a las que se les niega la igualdad y sus derechos.
Fue estrenada en el año 2007, tras cinco años de grabación y de viajes a un lado y otro del país en defensa de esos derechos.

La infancia de ambas comenzó como era la “normal” en los tiempos en los que nacieron, en la década de los cincuenta. Los padres de Diana no aceptaban que tuviera síndrome de Down y de niña fue enviada a un hogar estatal y luego a un centro de desarrollo. Aquello le creó una especial fobia por las viviendas para personas con discapacidad de las instituciones estatales.
Kathy Conour nació con una parálisis cerebral y en una operación de un quiste perdió la movilidad limitada que tenía. Tras pasar por la escuela, su primer trabajo fue en un taller protegido en Ottawa. Aunque sus padres querían ingresarla en un hogar para ancianos, ella estaba decidida a vivir de forma independiente.
En 1970 Diana y Kathy coincidieron: en el mismo taller protegido y en sus planes de vida. Decidieron irse a vivir juntas.
Sus comienzos no fueron fáciles. El gasto que suponía el transporte de Kathy era demasiado caro. Por eso, Diana comenzó a estudiar y finalmente aprendió a conducir.
Eso les permitió ganar en independencia y comenzaron a viajar por todo el país: llegaron a todos los rincones de su estado, Illinois, y también hasta los pasillos del Congreso. Como activistas de los derechos y la vida independiente de las personas con discapacidad.
Kathy, a pesar de no poder hablar, obtuvo del título de licenciatura en Inglés y el uso de un dispositivo electrónico le permitía escribir artículos, mantener correspondencia y pronunciar discursos.
En ese tiempo ambas activistas participaron en organismos que luchaban por los derechos y participaron en conferencias, convenciones y actos de protesta. En una ocasión Kathy fue arrestada, con silla y todo.
Hoy son reconocidas como una pareja incansable y dinámica entre los grupos de presión y los activistas del movimiento de las personas con discapacidad. Entre otros reconocimientos, en 2005, recibieron el Premio de Derechos Humanos de Illinois. Fueron las primeras personas con discapacidad en recibirlo.
La muerte de Kathy, en 2009, no desanimó a Diana. Al contrario, sigue viajando por todo el país dando conferencias compartiendo su historia y luchando por las personas con discapacidad. Ahora, además, como tributo a su compañera en estos años.
Porque las cosas han cambiado, eso Diana lo sabe. Hoy hay una Convención Internacional, las legislaciones se van adaptando y las personas con discapacidad son reconocidas como sujetos de pleno derecho. Pero dicen que “del dicho al hecho hay un trecho”. Y eso Diana también lo sabe. Por eso toca seguir luchando… Con energía, con humor, con optimismo… Pero seguir luchando.
Este es el mensaje de una luchadora:

“Cuando era pequeña, los médicos no dijeron a mis padres que tenía síndrome de Down. Ellos nunca aceptaron mi condición. Cuando tenía 5 años no teníamos clases para nosotros. Pero he aprendido a ser fuerte.
Tenéis que luchar por vuestros derechos.
Podéis hacerlo.
Si nosotras hemos podido, ¡vosotros también!
¡Hacedlo!”

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