Camino del techo del mundo

EverestAcabo de leer una noticia que me ha gustado especialmente: Eli Reimer, un joven estudiante de 15 años, se ha convertido en la primera persona con síndrome de Down en subir hasta el campamento base del Monte Everest.
Eli acaba de regresar de Nepal, donde junto a su padre y otras seis personas, consiguieron, el pasado 14 de marzo, culminar su aventura.
Ésta se enmarca dentro de una campaña que promueve The Elisha Foundation. Esta fundación busca, desde 2005, recaudar fondos y concienciar sobre la situación de los niños con discapacidad. Con este viaje ha conseguido por el momento 85.000$ en donaciones. Su meta llegar a los 100.000.
La exigencia de la expedición hizo que Eli tuviera que entrenarse durante todo un año y tuviera que pasar las pertinentes pruebas médicas para poder culminarla con éxito. Una vez en Nepal, les ha costado dos semanas realizar el recorrido (de unos 115 km de longitud) que les ha llevado a los 5.380 m de altura a los que se encuentra el campo base del Everest.
“Yo diría que más del 90 por ciento de las culturas del mundo no aceptan la discapacidad y no pensarían que alguien como mi hijo sería capaz de intentar algo como ésto. Así que ha sido una experiencia increíble ir junto a él. Eli ha ido marcando el camino. Hemos experimentando nuestro propio sentido de la discapacidad, ya que fuimos a las montañas y nos condujo todo el camino hasta el campamento base “, ha dicho el padre de Eli, Justin Reimer, quien no ve en su hijo una discapacidad, sino una “singularidad”.

eli

Eli en el campo base del Everest

He dicho al comienzo que me alegra la noticia. Además, en un doble sentido. En primer lugar, por el hecho de que Eli haya conseguido el objetivo que se había propuesto (tanto en el aspecto personal como en el de la Fundación): no ha sido fruto de la casualidad, sino de una buena preparación y, a buen seguro, grandes dosis de ánimo y esfuerzos.
Pero también me gusta la parte “alegórica” de la noticia:  es como si Eli hubiera acercado a las personas con síndrome de Down a la cima del mundo. Con preparación y esfuerzo. Y con el apoyo y la confianza de su padre y su entorno. No sé si Eli tendrá en mente llegar a la cima en un futuro. Si se lo propone, no sé si lo conseguirá. Pero eso no será lo importante, sino el hecho de intentarlo, como ha hecho ahora.
Al igual que Eli, muchas personas con síndrome de Down van acercándose a su propio Everest, van superando los obstáculos que tradicionalmente se le pone en el camino para alcanzar metas supuestamente inalcanzables (¿?) para ellos. Obstáculos que van superando desde sus capacidades, a su ritmo,  y que les lleva a lograr objetivos en los que ellos ponen todo su esfuerzo , su entusiasmo y su confianza. Una confianza que a veces falta en quienes les rodeamos.
Por eso me ha encantado leer que Eli haya estado tan cerca del Everest, tocando con la yema de sus dedos el techo del mundo , como cada vez más personas que, en su “singularidad”, consiguen sus ochomiles personales.

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