Hacerse rico con las personas con síndrome de Down

La tipografía es la letra Anna Beta, creada por Anna Vives, una joven con síndrome de Down. Puedes descargarla de su web “Sumant capacitats”

Cartel de la asociación “Down Araba – Isabel Orbe” animando a participar en el voluntariado

Si en este mes de la concienciación sobre el síndrome de Down estamos haciendo las cosas bien, espero que haya personas que se sientan más cercanas a su realidad.
Una mensaje reiterativo es que la mejor forma de tomar conciencia, desde luego mucho más efectiva que leer este blog,  es conocerlas “in vivo”, convivir con ellas. Y como no todo el mundo tiene esa posibilidad de conocerlas por algo más que de nombre, os proponemos una sencilla fórmula para hacerlo: a través del voluntariado.
Una persona voluntaria parte de la idea, muy acertada, de que quiere dedica una parte de su tiempo y su esfuerzo a “dar”. Probablemente movida por una inquietud altruista, está dispuesta a ayudar, a apoyar, a estar… A priori, se mueve por la satisfacción personal que le produce saberse útil para personas que “necesitan” su ayuda.
Pero, muchas veces, la realidad supera estas expectativas. Y no porque no “de” (a veces no sabemos agradecer todo lo que se merece ese esfuerzo). Lo que cambia es que también “recibe”. Porque en esa labor, se comparten también experiencias, sensaciones, sentimientos y vivencias  con personas que, en su “ser diferentes”, o mejor dicho, en su diversidad, son “millonarias” en ciertos valores a los que la sociedad ya no presta tanta atención.
Por ello, las personas voluntarias se enriquecen como persona. Las “monedas” (valores) que reciben no cotizan en los mercados financieros y no están de moda. Pero, quizá por eso, tienen más valor paras quienes las reciben.
Como reflejo de esto que os estamos contando,esta reflexión, breve, pero sentida y emotiva, de una voluntaria de nuestra asociación nos dejó tras su primer año:

Cuando entré en la asociación mis objetivos eran tres: conocer a las personas con Síndrome de Down, ayudarlas, y realizar mis prácticas.
Mis expectativas no solo han sido cubiertas sino que, para mi grata sorpresa, se han desbordado positivamente.
Comencé creyendo que daba y terminé con la claridad de haber recibido inmensamente más de lo que yo les di.
Creo que el ser Síndrome de Down es una forma de SER y ESTAR en el mundo, de la que los que nos llamamos “normales” tenemos mucho que aprender.
La persona con síndrome de Down es un beneficio para todos porque aporta y promueve valores que hacen a la sociedad más digna de llamarse humana.
¡Su exclusión es nuestro fracaso!

Estas palabras son un reflejo de lo gratificante de la experiencia. Como lo es el que muchas personas repiten la experiencia en la medida que su tiempo se lo permite.
Por eso, si alguien se siente animado, seguro que en su localidad tiene alguna asociación con la que pueda colaborar y en la que pueda tener la oportunidad de “enriquecerse”. Si es así… anímate.
En nuestra asociación, “Down Araba Isabel Orbe”, llevamos muchos años trabajando con personas voluntarias. De hecho, acabamos de celebrar el VI curso sobre tiempo libre con jóvenes con síndrome de Down. Además, hemos editado unos carteles para que quien se anime sepa dónde encontrarnos.
Nuestras puertas, y el de otras muchas asociaciones las tenéis abiertas. Pero más abiertos están los corazones millonarios de las personas con síndrome de Down. ¡Ellas sí que saben compensar generosamente los “servicios prestados”! Asi que ya sabéis… ¡bienvenid@s!

PD: Sirva esta entrada como un pequeño reconocimiento a la gran labor de los voluntarios@s que habéis cplaborado y colaboráis en “Down Araba – Isabel Orbe”

5 pensamientos en “Hacerse rico con las personas con síndrome de Down

  1. Me he reencontrado a mí misma en la reflexión de esta voluntaria. Entiendo perfectamente lo que quiere decir con que lo que parecía un acto en el que tú eres el que das acaba siendo una fuente sin fin de la que bebes y bebes, recibes y recibes. Es mágico.
    Hace unos tres años, en el trabajo me ofrecieron formar parte de un proyecto que formaba parte de las acciones que lleva la empresa en materia de política social. Consistía en el diseño e implementación de todo el amueblamiento de la ampliación de una residencia para personas con discapacidad intelectual. Suponía un extra de trabajo en mi ya abultada agenda, pero acepté porque me pareció que sería bonito poder “aportar” algo a este colectivo tan desconocido para mí en aquel entonces.
    Qué ingenua. Aún se me hace un nudo en la garganta (ahora mismo ya empiezo a lagrimear) cuando cuento mis experiencias aquellos días en los que junto a algunos compañeros fui a ensamblar todos los muebles que incluían dormitorios, salas de consulta, de terapia, talleres, aulas, la piscina, varios baños, zonas de relax, la enorme terraza, etc, etc.
    Resulta que el plan consisitía en montar todo esto en colaboración con los usuarios de la residencia. Me pareció interesante y bonito, pero no puedo ocultar que también pensé que quizá no iban a ser capaces de hacerlo y también que esto conllevaría ciertos retrasos ya que algunos de ellos también presentaban algunas discapacidades físicas…bla, bla, bla.
    No creo que nadie me haya enseñado tanto como aquella mujer que vino a buscarme al otro lado de la planta en la que estabamos y me llevó de la mano para enseñarme con lágrimas en los ojos de orgullo como había terminado de montar aquel banquito y pidiéndome por favor que le donde iba a estar instalado para que pudiera verlo todos los días. Le dije que me ayudase ella a elegir donde…imaginad su cara. Ella decidiendo. Lo curioso es que se decidió por un sitio mejor que el que nosotros teníamos programado.
    Hubo otro chico (con cierto grado de parálisis) que tras mirarnos durante horas desde su silla de ruedas, literalmente se tiró al suelo y empezó a montar una silla. Le llevó toda la jornada prácticamente, pero lo logró y también logró darnos una lección de superación y voluntad que nunca olvidaremos.
    También me dieron lecciones de agradecimiento, solidaridad, humanidad, valentía, generosidad, como nadie nunca antes lo había hecho.
    No olvidaré en la vida lo que me llevé de allí en sólo unos días. Imaginad una colaboración a más largo plazo…

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