De las aerolíneas hasta los mismisimos…¡cromosomas!

En apenas un par de semanas dos noticias muy parecidas han soliviantado nuestro ánimo y nuestros cromosomas. La primera: a principios de septiembre, Estados Unidos, American Airlines niega el acceso a un niño con síndrome de Down. La segunda: esta misma semana, en Menorca, Una compañía española niega el acceso a una pasajera con síndrome de Down.
Las similitudes no son sólo de índole “aérea”. Por ejemplo, según la transcripción de ambas noticias, los protagonistas han sido niños de… ¡16 y 15 años!. ¿Cuándo nos daremos cuenta de que el síndrome de Down es una de las mejores técnicas rejuvenecedoras que se conocen en el mundo mundial? Vamos, que algo tiene ese cromosoma extra que hace que nunca abandonen la infancia. Seguro que tiene el código secreto no ya del elixir de la eterna juventud, sino del de la “eterna infancia” (sí, ese por el que muchas empresas matarían para poder comercializarla. ¿Os imagináis que Obelix, que cayó en una marmita llena de poción mágica que le da esa fuerza infinita, cayera en una llena de este maravilloso elixir? ¡Sería el niño forzudo!
Además, en el segundo caso se da el agravante, según aparece en la noticia, de que la “niña-joven” “padece” de síndrome de Down, “enfermedad” que no le ha impedido viajar otras veces (entrecomilladas las palabras textuales de la noticia).
En el primero de los episodios, American Airlines justificó su decisión alegando que el “niño-joven” presentaba una conducta con la que “estaban preocupados por la seguridad del joven y la de los demás pasajeros” (sic). Por contra, los padres mostraron un video en el que se le veía sentado junto a la puerta jugando con su sombrero. Dijeron haber realizado este viaje en varias ocasiones con la única diferencia de que esta vez viajaba en primera clase. ¿Tal vez alguien interpretó que este niño-joven podía molestar a los demás pasajeros?
En el segundo, la compañía Vueling exigió a la familia un recargo de 35€ para contratar un servicio de acompañamiento para la “niña-joven” “enferma” de síndrome de Down. En cambio, la familia explica que “a sus 15 años ha viajado una media de seis veces al año sola desde 2010 y sin necesidad de pagar más que el resto de pasajeros. Se trata, pues, de una persona muy autónoma capaz de estar sola en el avión sin ningún tipo de acompañamiento”.
Tirando de ironía, hemos pensado que puede haber otros motivos para este tipo de abusos. Por ejemplo, que sea una forma de recaudar fondos para investigar para una vacuna contra la “enfermedad” del síndrome de Down. O que ahora que están de moda los vuelos de bajo coste, las compañías aéreas están buscando alternativas para obtener ingresos extraordinarios. O, quizá, ¿podría ser que ahora cobren los billetes por cromosoma? Si es así, ¡lo tenemos claro!. A 35€ por cada uno, volar va a salir un pelín caro.
Cada cual podrá pensar lo que quiera, pero seguro que la mayoría interpretamos que en ambas situaciones se están pisoteando los derechos de ciertas personas… con discapacidad?
Pero queremos ser positivos y aportar una solución. Proponemos que en este tipo de situaciones hagamos un ejercicio de desobediencia civil similar al que está realizando el perro de la fotografía que acompaña la entrada. ¿Qué os parece? Podemos acompañar la protesta del grito ¡Me hago pipí en….!, añadiendo en los puntos suspensivos la situación que queremos denunciar.
Ojo, porque si lo ponemos en práctica debe ser con todas las consecuencias y deberíamos abstenernos de miccionar en las 6 o 8 horas anteriores a realizar cualquier viaje en avión! No sé si conseguiríamos nuestros propósitos, pero tras tan larga continencia urinaria, al descargar el líquido elemento nos íbamos a quedar un rato relajados.
Volviendo a la seriedad, si pincháis la etiqueta “denuncia” de este blog veréis que apenas hay unas 20 entradas. Si nos lo propusiéramos, podríamos escribir muchas más al cabo de del día con situaciones de todo tipo en el que los derechos de las personas con discapacidad son vulnerados de forma más o menos alevosa.
Lo que pasa que a veces es irreprimible el enfado y damos rienda suelta a estas denuncias (aunque, como veis, con ciertas dosis de ironía que, en estos casos, tiene efectos terapéuticos que ayudan a suavizar estos calentones) ¡Y qué menos que la pataleta y la denuncia ante este tipo de hechos!
Desde DOWNberri creemos que informando en positivo y aportando desde los logros que día a día se van conquistando conseguiremos metas más ambiciosas. Como que algún día las personas con síndrome de Down dejen de ” padecer esta enfermedad”. O que dejen de ser niños eternos a los ojos de la sociedad y maduren y alcancen la categoría de adolescentes y adultos a edades “razonables”. Y, lo más importante, que se vean respetados sus derechos y puedan ejercerlos como cualquier otro ciudadano … (aunque en este camino seguiremos haciéndonos eco de este tipo de “sucesos”)

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